Sermons, YO

Isaiah 49:8-18

1, Corinthians 4:1-5(6-7)8-13

Matthew 6:24-34

Psalm 62 or Psalm 62:6-14 Page 669, BCP

Propio 3a

Mayo 25, 2008

La Capilla de Santa Maria

“La riqueza”

Cada uno de nosotros busca una vida mejor.  El deseo de mejorarnos corre profundamente en las venas, y a veces sacrifiquemos mucho para conseguir la vida buena.  De hecho, todos suenan del mejor futuro para si misma y los descendientes.

Les pregunto, ¿De que consiste esta vida buena? Unos dicen seguridad, otros la falta de necesidad.  Este país tiene su propia respuesta que forma el mito del “Sueño Americano.”  ¿Qué es el Sueño Americano?  Aunque hay muchos variaciones en las respuestas, y muchos términos para definir el sueño, cada una tiene algo que ver con el dinero.  Hay esta:  “El sueño Americano dice que si trabajes duro, ganarás mas riqueza y serás feliz.”  O esta:  “Dice que la libertad, libertad para aumentar riqueza, reina supremo.”  Muchos de nuestros políticos hablan de la libertad, o el sueño americano, pero no refieren a la libertad de una persona, sino una corporación.  No refieren a la justicia entre todos, sino la riqueza para algunos.

Esto no es algo nuevo.  Tenemos una larga historia en servir el dios de la riqueza.  El primer asesinato era por la causa de aumentar riquezas.  La esclavitud de los hebreos en Egipcio era “necesario” para que los pirámides y tumbas de los faraones sean construidos.  Los emperios romanos y griegos subyugaron los pueblos a traves de la guerra para extender sus fronteras.  ¿Cuantos mas ejemplos son necesarios para convencernos que hemos intentado hacerlo así muchas veces, sin conseguir el premio de riqueza suficiente?  Los Españoles y otros Europeos salieron de sus puertos buscando ciudades de oro, y mataron para ganarla.  Continuamos hasta hoy, apoyando pólizas económicas que fuerzan la gente despedirse de sus tierras en la búsqueda de este “mejor futuro” que, ironicamente, solo existe por el trabajo de estos mismos refugiados.  La lista puede seguir hasta la eternidad.

Pero no necesita ser así.  Solo continua porque no creemos que tenemos el poder pararlo.  Y es la verdad, una sola persona no puede cambiar mucho.  Pero una comunidad, un movimiento—esto puede levantar una voz distinta en medio del ruido venenoso.  Jesús comenzó esta comunidad cuando anunció a los discípulos que no podían servir a Dios y la riqueza.  Les instruyó que la vida verdadera no consistía en comida, bebida, o ropa fina, sino en buscar el reino de Dios.  Sé que este es difícil oír; tan difícil que como era hace 2000 años.  Hacemos nuestros argumentos contra este mandamiento con furor; defendemos nuestra propiedad, habilidad de decidir nuestros futuros, y nuestra “libertad” con todo lo que tenemos, aún hasta la muerte.  Es la guerra primordial que arde entre los pueblos: ¿Quién es el que tiene ahora?  ¿Quién es el que quiere tomarla? De un lado hasta el otro; nunca terminará.

Bueno como podemos seguir este mandamiento de Dios?  Primero es importante clarificar que Jesús no esta diciendo que no necesitamos comer, beber, ni vestirnos.  Estas son necesarias para vivir.  Lo que esta diciendo es que Dios nos provee esta cosas.  Nuestro trabajo es confiar en el que cumple con su promesa de darnos lo que necesitamos.  ¿Hay un a situación que conoces cuando Dios no estaba fiel a ti en darle estas necesidades?  Pero Austin, quizás dirías, conozco el hambre y el sed, si no era por la buena voluntad de un amigo, moriría.  Y aquí llegamos al punto importante de este mandamiento.  Dios, en quien todo lo creado existe, no falta nada para darnos.  El nos ha entregado todas las riquezas del mundo: la tierra, los mares, las montañas, las plantas, las frutas, los animales. Todo que es suyo, el nos dio libremente para nuestro bienestar.  ¿Entonces porque conocemos la necesidad?  Por nuestra propia avaricia nos separamos unos al otro y unos a los dones de Dios intentado para todos.  Jesús esta anunciando que el reino de nuestros gustos insaciables termina cuando abrazamos el reino de Dios.  Que nuestro becerro de oro no nos satisface como los mandamientos de Dios.  El dice que no es posible servir a dos amos; según este mandamiento de Cristo, la opción es clara.

Lo que no es clara es como podemos poner nuestra intención de seguir el mandamiento en la acción.  Primero, debemos ser mas conscientes en lo que compramos, lo que vendemos, y todos nuestros transacciones financiales.  ¿ Necesito esta cosa, o puedo vivir sin ella?  ¿Soy honesto o estoy aprovechando de mi prójimo en esta transacción? Quizás aprenderás que una compañía no trata bueno a sus empleos, y decides elegir otra mas responsable.   Una manera que la iglesia apoya a las personas caminar en esta intención es el mayordomía.  Esta practica de ofrecer las frutas de nuestras vidas y trabajo sirve para convencernos que el dinero no reina en nuestros corazones, y provee, a la vez, para los necesitados y los mismos miembros de la comunidad.  Para entrar en la puerta de servir a Dios, debemos comenzar en revisar esta parte de nuestras vidas.

Segundo, cuando llevamos tiempo practicando así, cuando acostumbramos a poner la ley de Dios sobre la ley de Herodes, podemos nadar en aguas mas profundas.  Unos decidirán que pueden vivir sin ciertas cosas, y las renuncian para encontrar mas vida.  De esto sentimiento nació el ayuno, y puede ser una practica buena para la comida y muchas mas como otras cosas. Cuando quitamos la cosa que todos dicen que necesitamos para vivir, Dios nos mostrará la fundación de la vida.

Finalmente, la última etapa es entregar todo lo que tenemos y todo nuestro ser a Dios.  Aprenderemos que su amor es suficiente para vivir, y que su gracia nos ofrece mas que cualquiera riqueza debajo el sol.  Aquí viven los santos, los que confían en Dios tanto que en dar todo a el, crecían hasta la plenitud de su ser.  Compartían su luz con el mundo, y gracias a Dios, hay los que viven todavía entre nosotros.  El último reto, para los que quieren seguir a Cristo, es convertirse en uno como ellos.

Hermanos y hermanas, confieso que necesito trabajo en todos estas áreas.  No he llegado a la plenitud de Dios, pero he visto a su luz y comito mi vida para llegar donde ya el es.  Pero necesito tu ayuda.  Todos necesitamos la ayuda de otros para llegar allá.  Dejémonos caminar hasta allá juntos, siempre recordando que solamente en el, encontraremos la verdadera riqueza que nunca falla.

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