Propio 5

Hosea 5:15-6:6

Romans 4:13-18 

Matthew 9:9-13 

Psalm 50 or 50:7-15 

Propio 5

Junio 8, 2008

La Capilla de Santa Maria

“Deseo la misericordia, no el sacrificio.”

       Fidelidad a las leyes de Dios siempre era difícil.  Había mucha discusión sobre en lo que consiste esta fidelidad desde los tiempos de Moisés, y leemos del profeta Hoséa hoy del mismo reto mas de mil años después.  Hoy quiero hablar de una faceta de este reto, es decir, el concepto de los “intocables” según la ley.

       Cada comunidad tiene leyes que gobiernan su ser.  Las maneras en que nos distinguimos unos al otros son varias y las leyes que tenemos en nuestras comunidades forman las fronteras entre comunidades.  La ley de Moisés, que formó el pueblo de Israel, tenía muchas particularidades, pero la una en que quiero enfocar hoy es las prescripciones sobre quien era limpio o tocable, y quien era sucio y no tocable.  Este concepto informa nuestro evangelio hoy cuando Jesús está cenando con los cobradores de impuestos y otros pecadores quien eran considerados como los intocables.  Todo este evangelio es un estudio en como Jesús esta de acuerdo con el espíritu de la ley, pero no con la letra de ella.  Era considerado un pecado comer con los cobradores de impuestos porque trabajaban con los Romanos para oprimir su propio pueblo.  A veces cobraban más de la cantidad para su propio uso y muchos los odiaban.  Los fariseos los echaron de la sinagoga por este pecado.  Exactamente lo mismo pasaba con otros pecadores; no podían participar en la adoración de Dios en su época, que era una adoración mediada por el “sacrificio” de animales.

       Leemos hoy que uno de estos pecadores, un cobrador de impuestos, era llamado por Jesús adjuntarse al número de discípulos.  ¿Pueden imaginar la radicalidad de esta llamado?  Donde los lideres religiosos de su época vieron pecado, Jesús vio la oportunidad.  Este hombre Mateo, echado de la sinagoga por su trabajo pecaminoso, crecía hasta un evangelista de este nueva enseñanza.  A través de Jesús, recibimos una participación en la comunidad de los fieles, porque el dice “Si” a nosotros cuando otros dicen “No.” Por eso dice, “Los sanos no necesitan un doctor sino los enfermos.”  Hermanos y hermanas, somos los enfermos quien Jesús eligió para una herencia en su reino.  Ninguna de nosotros puedan cumplir totalmente con la ley de Dios ni las de humanas, pero Jesús nos quiere además.  La misericordia que nos ofrece es más la marca de Dios que el sacrifico de los animales y el sacrificio de personas quien consideramos como pecadores.  Los milagros que el hace después de esta cena demuestran la realidad de esta misericordia en la acción.  Tocar un muerto era pecado y la familia de un muerto estaban separados de la comunidad por estar con el cuerpo.  Mira como Jesús enfrenta esta prescripción: El mismo toca el cuerpo para decir Si a este hombre y su familia.  Con la mujer sangrienta, ella toma el toro por los cuernos y toca a Jesús.  Este contacto es donde el saneamiento reside.  Jesús dice a ella, “Su fe te has sanado,” para decir que hay una conexión entre nuestra habilidad en ver la realidad de esta misericordia y su eficacia.  En ambos casos, el milagro es más de el saneamiento de estos enfermos; es la visión de Jesús que pase a ellos que dice que la comunidad de Dios no tiene limites impuesto por humanos.  La verdadera ley de Dios no dice que solo este tipo de persona puede ser parte de su reino, pero todos que aceptan la misericordia de el y la practican con sus prójimos.

       Hay muchos en este país que dicen que los inmigrantes son pecadores, o criminales.  Existe ellos quien no quieren ser asociados con los inmigrantes y otros que luchen para echarles de la comunidad de este país.  Jesús vino, trabajaba, y se murió para decir Si a los inmigrantes, y todos quien reciban un “No” del mundo.  Como los que siguen a el y profesan que su camino es el camino que nos trae siempre a la vida ¿Cómo podemos hacer algo diferente?  Como el dice “Si” a nosotros, dejemos decir “Si” a los con quien queremos decir, “No.”  A los quien el mundo dice que necesitamos llamar “intocables,” dejemos ofrecer el tocado que Jesús nos ofrece.  Esta es nuestra llamada como parte del cuerpo de Cristo, que afirmamos como parte de nuestro pacto bautismal.  “¿Respetarás y lucharás para la dignidad de todo ser humano?”  Dios y este mundo enfermo esta esperando nuestra respuesta.

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